LOS TESTIMONIOS DE NUESTR@S VOLUNTARI@S

Hola, soy Lorena y viví una experiencia increíble de voluntariado europeo en Austria.

Durante 11 meses tuve la oportunidad de participar en un proyecto de voluntariado en un centro de protección de menores en Graz, Austria. Antes de inscribirme en el proyecto desconocía totalmente el Servicio de Voluntario Europeo y no fue más que por casualidad cuando descubrí un enlace en internet repleto de proyectos en un sinfín de países europeos. Me decidí a buscar un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo y encontré lo que estaba buscando, un centro de protección de menores. Inscribirme en ese proyecto fue sin duda una de las mejores decisiones que tomé en mucho tiempo.

Todos los días en el centro eran un día diferente. A pesar de que los niños tenían unas rutinas que seguían a diario (comer, hacer los deberes, actividades, etc.), siempre surgían cosas nuevas. Nunca sabías si terminarías el día de excursión en un pueblo a 50 kms de distancia o con una pelea de ketchup por toda la casa. Y ese era sin duda uno de los aspectos que más me gustaban del proyecto. Hice un montón de cosas durante esos meses que me hicieron sentir parte de esa pequeña familia. Jugamos, cantamos, bailamos, reímos, también nos enfadamos, visitamos muchísimos lugares nuevos, fuimos de camping de pesca, de vacaciones a Hungría, comimos helados y, en definitiva, disfrutamos, los niños como niños y los mayores también como niños.

Todo ello sin saber decir casi ni una palabra en alemán cuando llegué a Austria. Pero eso no supuso un gran problema. Tuve la suerte de conocer a un montón de gente de diferentes países y eso fue otra de las mejores experiencias del voluntariado. Abrí la mente y descubrí muchísimas culturas que ignoraba antes del voluntariado y que enriquecieron mi forma de ver las cosas y de valorarlas. Hice un montón de colegas y algún que otro amigo, de los de verdad, de los que sabes que siempre estará ahí aunque estemos a países de distancia. Compartimos un montón de experiencias, fiestas, descubrimientos y, por supuesto, viajes, muchísimos viajes que tuvimos tiempo de realizar a lo largo de 11 meses. Alemania, Italia, Eslovenia, Hungría, República Checa… y muchos más que teníamos ganas de visitar si no fuera porque se nos acabó el proyecto. Algún día volveremos de visita a todos esos lugares que nos quedaron pendientes.

Por supuesto no todo fueron cosas buenas. Los primeros meses me resultaron un poco difíciles principalmente por el choque cultural. Tenía que adaptarme una nueva cultura que poco tiene que ver a la nuestra y sin entender casi ni una palabra de alemán. Pero ahora que echo la vista atrás creo que todo ello me ayudó a crecer, decidí ver las cosas desde otra perspectiva y eso me ayudó a aprender y a superar mis propias inseguridades. Y, por supuesto, ahora puedo decir alguna que otra palabra más en otros idiomas.

Formar parte de un proyecto de voluntariado europeo fue sin duda una de las mejores experiencias de mi vida y por eso os animo a participar en alguno de los proyectos porque seguro no os vais a arrepentir.